Cómo empezó todo
Roman & Ana
Hola, somos Roman y Ana. Estamos tan enamorados que queremos que todos lo sepan.
Nuestra historia comenzó mucho antes de que nos diéramos cuenta. Durante mucho tiempo, simplemente sabíamos el uno del otro. En 2015, Ana se mudó a la congregación de Raymond, y Roman era el chico guapo que venía a Raymond a visitar a su abuela. Incluso a la distancia, escuchábamos cosas buenas el uno del otro, especialmente sobre el amor de Ana por Jehová. Esas primeras impresiones se quedaron con nosotros, aunque casi no hablábamos.
Nuestra primera conversación de verdad ocurrió cuando Ana preparó unas galletas. Ella pensó que había añadido canela, pero en realidad había usado comino. Las galletas estaban buenas, pero ella se sentía insegura. Roman, pensando que era algo curioso, invitó a otros a probarlas y compartió el ingrediente secreto. Ana se sintió incómoda; Roman pensó que estaba ayudando. Roman insiste en que solo quería que ella se sintiera cómoda. En ese momento, no parecía algo importante. Mirando atrás, lo vemos como una primera muestra de nuestras diferentes personalidades y de nuestras buenas intenciones.
Luego, todo cambió. Roman hizo planes para visitar Raymond nuevamente. Sabía que Ana, la hermana de la que siempre había escuchado cosas buenas, estaría allí. Cuando Ana supo que él iba a venir, se sintió inesperadamente emocionada y no podía dejar de pensarlo. Cuando nos vimos, Ana llamó: “¡Roman!”. Él sonrió de inmediato. Nos abrazamos. Hablamos. Algo cambió silenciosamente. Ambos vimos algo bueno.
Cuando nos despedimos, Ana pensó: “Me voy a casar con él”. Más tarde ese día, Roman se enteró del negocio de Ana y visitó su sitio web. Pensó: “Esta mujer ama a Jehová, es trabajadora, maneja bien su vida, es bonita y piensa que estoy bien incluso cuando le hago carilla”. Le dijo a un amigo: “Creo que me voy a casar”.
Después de eso, Ana planeó una fiesta e invitó a Roman. Consiguió su número de teléfono de su abuela, y cuando le preguntó si estaba bien que le gustara, su abuela simplemente se rió. Roman oró acerca de la invitación y, después de una oración cuidadosa, la aceptó.
En esos días, unos amigos habían invitado a Roman a cenar. Él acababa de comprar una casa y tenía mucho trabajo por hacer, así que pensaba no ir. No sabía que Ana estaría allí. Ella quería que fuera y le envió un mensaje: “¿Vas a ir a cenar? Estoy haciendo carne asada”. Cuando se dio cuenta de que Ana estaría allí —y de que ella estaba cocinando— canceló todo, se arregló y fue. Esa fue nuestra primera cita.
Y lo demás es solo el comienzo
Nos gustó lo que escuchamos. Nos gustó lo que vimos. Oramos. Nos comprometimos a un noviazgo. Nuestra primera cita oficial fue en junio. Nuestro primer “te amo” fue en julio. Nuestro primer beso fue en agosto. En noviembre, nos comprometimos. Comenzamos de inmediato la adoración en familia y empezamos cada mañana con el Texto Diario. La mayoría de nuestras conversaciones giran en torno a Jehová, y ese enfoque compartido nos ha unido más que cualquier otra cosa. Ahora, en diciembre, estamos escribiendo esta historia, agradecidos por cómo Jehová unió nuestras vidas.